El doble juego

La política actual viene marcada por la intriga, la manipulación y el doble juego. Tres facetas de una misma estrategia.

Las dos primeras ya las he tratado directamente en este blog.

La intriga se refiere a la búsqueda de unos objetivos no declarados. Así, si miramos la evolución en las últimas décadas, es fácil ver que la orientación de la política franco alemana apunta hacia el control de la UE y la competición con EEUU por la hegemonía mundial. Pero ningún político los explicita nunca como objetivos buscados. No se consideran objetivos presentables.

La manipulación es la forma de conseguir apoyo social para ese objetivo no declarado. Y lleva asociados a su vez el engaño (de ahí que los media nos presenten de manera permanente un mundo al revés) y la falta de control democrático (la conculcación del derecho de expresión de Trump ha sido escandalosa pero a su vez totalmente silenciada). Es decir, la manipulación es, como la violencia, esencialmente contraria al respeto a los derechos de los individuos. Y no es inusual que, una vez triunfa totalmente, la manipulación derive en coacción física explícita.

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Así que ahora me centraré en el doble juego, compañero inevitable de la intriga y la manipulación. Ya que quien sigue una estrategia de este tipo necesita manejar simultáneamente la búsqueda del objetivo real y el mantenimiento de la apariencia de corrección. Lo que muy habitualmente implica actuar a la vez en contra y a favor de un tema.

Así, por ejemplo, el PSOE se ha presentado muchas veces como partido constitucionalista que defiende los derechos democráticos frente a los ataques a las libertades por parte de los nacionalistas. Zapatero propuso el Pacto por las Libertades, Borrell llegó a liderar una manifestación constitucionalista en Barcelona y Sánchez se envuelve cuando le conviene en la bandera de España. Pero, simultáneamente, Zapatero alimentó el nacionalismo con un Estatuto contrario a la ley y Sánchez ha llegado al poder a través de una alianza con los nacionalistas que los potencia. El doble juego del PSOE con el nacionalismo es bastante fácil de ver. A la vez que alimentan y se alían con el nacionalismo, se presentan como defensores de los derechos y libertades que conculca el nacionalismo y de la unidad de España que estos pretenden quebrar.

Pero este doble juego es especialmente importante en el caso de los gobiernos de Francia y Alemania. España juega ahí un papel muy descarado pero menor. Pondré algunos ejemplos:

Venezuela-Cuba. Mientras Trump apoyaba a Guaidó para acabar con la dictadura venezolana, desde Europa primero se bloqueaba cualquier acción anteponiendo unas llamadas imposibles al dialogo y luego ya directamente Borrell apoyaba la negociación con Maduro como un supuestamente inevitable mal menor. Cuando Trump intentó impedir el soporte cubano al chavismo con presiones económicas, Merkel y Macron respondieron apoyando explícitamente el comercio de la UE con Cuba. Todo ello acompañado de un discurso formal de rechazo a las dictaduras en Cuba y Venezuela, claro. Como el PSOE rechaza formalmente el nacionalismo.

China. Que China es una dictadura expansionista que no respeta las libertades democráticas, que practica el dumping y las trampas de deuda o que busca la cobertura de instituciones globales como la ONU o la OMS creo que es algo evidente. Aunque sorprendentemente los medios de comunicación no parezcan tener nunca interés en resaltarlo. Pero vayamos al doble juego. ¿Qué han hecho Merkel y Macron frente al intento de Trump de frenar la expansión china? Pues a la vez reconocer formalmente su condición de riesgo antidemocrático pero facilitar explícitamente la venta de sus equipos de telecomunicación en la UE, en contra de la estrategia de EEUU y del más mínimo sentido común. Actos y apariencia opuestos.

Irán y Palestina. No me alargaré, pero con Irán y Palestina la estrategia franco-alemana es similar. Formalmente rechazan el carácter claramente antidemocrático y terrorista de los gobiernos de estos países, pero en la práctica los alimentan y defienden frente a EEUU e Israel. En espera de otro Obama que colabore con su estrategia.

Porque, sí, esta intriga parece haber llegado a influir también directamente en EEUU a través de las empresas de media, audiovisuales y Big Tech. Estados Unidos sufre una clarísima agresión cultural, que se manifiesta en la constante promoción de los temas que les enfrentan y erosionan su autoestima, como el antirracismo, el antifascismo, el feminismo radical

Todos los países, como las personas, tienen defectos y virtudes. Y un pasado. El truco del manipulador es elegir en qué hacer que centre la atención su víctima para manejar luego las culpas y perdón con una constante doble vara de medir. Y el racismo se utiliza contra EEUU como el franquismo contra España. No como parte de un pasado superado, no como el nazismo alemán, no el bonapartismo o el colaboracionismo francés, sino como un pecado original que debe estar siempre presente en las portadas y que caracteriza esencialmente al país. Pura manipulación.

Y en este ataque a EEUU, como en la defensa soterrada a Venezuela, Cuba o Irán, hay también elementos antidemocráticos. Como la sospecha de fraude o el incuestionable ataque a la libertad de expresión posterior. De ahí que Merkel se desmarque de esta faceta antidemocrática… mientras se beneficia de sus efectos.

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