
En Occidente se están produciendo dos fenómenos simultáneos muy probablemente ligados. La erosión de los valores tradicionales y la implantación de unos nuevos valores que podríamos caracterizar como globalistas o asociados a la Agenda 2030.
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El Globalismo
Como ya he comentado en entradas anteriores, los ideales globalistas parecen tener una función política asociada a la traslación de la soberanía de las naciones a organismos supranacionales como la ONU o la UE. Serían algo así como la religión de un nuevo imperio. Y la UE es el único imperio que crece en tamaño actualmente.
Estaríamos por lo tanto ante una estrategia de sustitución de los valores tradicionales, de base cristiana y centrados en las libertades y derechos individuales, por la nueva religión globalista muy enfocada en la manipulación de masas. Con un esquema permanente de diferenciación entre lo bueno y lo malo que permite a quién está en el poder categorizar como malos a quienes no se le someten y dar satisfacción como buenos a quienes sí lo hacen. Es decir, es un imperio de tendencia autoritaria. Incluso totalitaria, si nos fijamos en cómo se inmiscuye en cada vez más cuestiones de la vida cotidiana.
Los temas de esta nueva religión serían el ecologismo, feminismo, LGBT, antirracismo… todos ellos valores ampliamente aceptados pero que pasan a ser manejados de una manera muy distinta, maniquea. Quien se oponga las directrices que marque el poder respecto de estos temas será tratado como alguien que ataca los valores compartidos. Quien cuestione las campañas que despliega el poder será tachado de negacionista, machista, homófobo, racista…
Este cambio cultural tiene en realidad mucho de retroceso, ya que utiliza dos elementos del pasado. Y no de la mejor tradición europea. El puritanismo hipócrita y la lucha de clases, ahora implementada como lucha de colectivos. Todo ello acompañado de un control mediático orientado a hacer desaparecer el pluralismo real. A controlar la sociedad por completo.
Yo sitúo el origen de los globalistas en la masonería inglesa y estadounidense de finales del XIX (Sociedad Fabiana, 1884). Y su expansión a centro Europa en la colaboración alemana con la URSS iniciada en los años 70, en la llamada ostpolitik. Todas estas características y hechos encajan bastante bien.
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La erosión de los valores tradicionales
La implantación del globalismo implica no sólo el despliegue de los nuevos valores. Sino que además va acompañado, para acelerar el proceso, de la erosión de los valores preexistentes.
Ahí entran en juego la inmigración masiva y descontrolada, un sinsentido tan obvio que no creo que se necesite argumentar. Sólo hay que fijarse en el aumento de la violencia y su ocultación en los medios de comunicación y en los programas políticos.
La promoción del multiculturalismo, algo más sutil, paro también una perversión intelectual. Una herramienta de manipulación para hacer creer a la gente que para ser bueno hay que ser tolerantes con los distintos aunque hagan el mal. Una trampa similar a la del nacionalismo, anteponiendo la defensa de un supuesto bien cultural colectivo a la defensa de los derechos individuales de quienes forman el colectivo. Una ideología perversa que supedita los derechos de los individuos a unos supuestos derechos de las culturas, en vez de al revés.
La erosión del cristianismo. Es bastante fácil detectarla en los medios occidentales fijándose, por ejemplo, doble rasero en las acusaciones de pedofilia a la iglesia pero no en otros ámbitos. O en cómo se cierran los ojos allí dónde los cristianos sufren ataques, algo tristemente frecuente en el mundo. O incluso si miramos cómo se ha elevado a la dirección de la Iglesia a un Papa más afín a las dictaduras de izquierda y a las agendas globalistas que a las democracias occidentales.
La descalificación de la familia tradicional, el revisionismo negativo de la historia…
Son muchas las líneas de ataque con las que se erosionan los valores comunes establecidos. Y, no olvidemos, los derechos y libertades individuales también están en ese cesto. Y la seguridad, no hay cambio de hegemonía política sin caos y violencia.
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P.S.1 (11 sept 2024) Aprovechando al globalista Toynbee, es fácil entender por qué quieren debilitar las naciones democráticas. Y constatar que actúan de forma oculta.
Para ellos las debilitar las naciones es el camino para arrebatarles su soberanía y depositarla en organismos supranacionales (la Liga de Naciones es la actual ONU).

P.S.2 (25 marzo 2025) Pequeñas modificaciones y la inclusión del origen de los globalistas en la Sociedad Fabiana, una masonería socialista de origen inglés y pronta expansión a EEUU.
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Me parece una visión, por desgracia, muy acertada.
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Sí, es triste estar viviendo estos feos tiempos. Lo siento sobre todo por los jóvenes. Merecen tiempos menos manipuladores.
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Esa visión, la compartimos unos cuantos, que somos conscientes, bajo ese mismo contexto.
saludos desde México 🇲🇽
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Es que es algo global… Globalista. Un saludo, un placer,
«La sociedad abierta y su enemigo globalista»
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