Campañas de propaganda y hechos

Los hechos importan, pero su peso siempre va después del de las campañas de propaganda. Bastan dos ejemplos para comprobarlo.

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Cuando los Globalistas decidieron sustituir al Gobierno de Aznar por uno de Zapatero, lanzaron campañas de propaganda masivas. En ellas participaron casi todos los grandes medios españoles: los de PRISA (El País y la SER), ABC, El Mundo y, por supuesto, los del Grupo Planeta (Antena 3, Onda Cero y La Razón).

Primero fue el Decretazo; después, el Prestige; por último, la guerra de Irak. Cada medio interpretó un papel distinto —el del policía bueno o el del policía malo—, pero el seguimiento fue unánime, es decir, el apoyo fue total. Eso me sirvió entonces para entender que todos los grandes medios servían en última instancia a un mismo mando, lo que hoy llamamos el poder Globalista.

Aun así, a pocos días de las elecciones de marzo de 2004 el PP seguía por delante en las encuestas. Las campañas habían hecho daño, pero no el suficiente: faltaba un hecho realmente movilizador. Ese hecho llegó con los atentados del 11-M. Sobre ellos se desplegó una campaña intensa y coordinada. El milagro demoscópico se produjo: el PP perdió el Gobierno, el PSOE lo ganó y España viró hacia las posiciones que hoy reconocemos como globalistas.

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El caso contrario lo tenemos ahora con el Gobierno de Sánchez. Solo una acumulación enorme de hechos en su contra ha conseguido situarlo en minoría en los sondeos: las mentiras reiteradas; la alianza con comunistas y nacionalistas, incluidos golpistas y terroristas; la amnistía a sus socios; la corrupción y la colonización de las instituciones; el desprecio a la población ante tragedias como la DANA o Adamuz; el aumento de la inseguridad ligado a la inmigración masiva; la pérdida de poder adquisitivo; las maniobras orientadas a un pucherazo electoral…

Ese cúmulo ha movido las encuestas, pero poco si se compara con la magnitud de lo ocurrido. La explicación es sencilla: apenas hay medios que conviertan esos hechos en campaña. Fuera del control globalista quedan, en lo esencial, Radio Libertad, El Toro TV, La Gaceta de la Iberosfera e Informa Radio. Poco más.

Un último ejemplo es elocuente: la invasión de Ceuta —permitida primero y sostenida después por el Gobierno— apenas ha alterado las intenciones de voto.

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La conclusión es clara. Una campaña necesita hechos para que su efecto sea fuerte y duradero. Pero los hechos, por graves que sean, apenas producen efecto si no van acompañados de una campaña.

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