
En 2002, con Perejil ocupado, Jacques Chirac le sugirió a Aznar que entregara a Marruecos Ceuta y Melilla. Aznar dijo que no. No fue una ocurrencia francesa: Ceuta y Melilla podían ser un obsequio de la UE para que Marruecos aceptase a la UE como socio principal, en vez de unos EEUU dirigidos entonces por Bush.
Aznar no aceptó y, quizá por esto y mucho más, los atentados del 11M cambiaron el liderazgo en España. Haciendo que, sin atreverse a entregar las ciudades españolas, Zapatero sí pasase a acercarse a Marruecos y calificar como una “contribución positiva” el planteamiento marroquí de un Sáhara autogobernado bajo soberanía marroquí.
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Habría que esperar a Sánchez para recolocar el Sáhara, el giro que Rabat parecía exigir. Aparentemente a cambio de nada de una magnitud comparable, es decir, probablemente a cambio de beneficios particulares ocultos, como fruto de un chantaje o como parte de una estrategia de rango superior.
La avalancha de julio entiendo que hay que encajarla en ese marco.
Decenas de miles cruzaron en horas a una ciudad de 18 kilómetros cuadrados y ochenta mil habitantes. Marruecos puede cerrar esa frontera cuando quiere, pero esta vez no la cerró. Ni España protegió la frontera a pesar de las informaciones previas.
Después, tras la invasión, varios ministros de Rabat han pedido “diálogo” para que Ceuta y Melilla “vuelvan a la patria”. Y Madrid dice que no se negocia la soberanía. Es decir, se acepta en la práctica la invasión y se administra como un hecho consumado.
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Mi hipótesis, en términos de globalistas y patriotas, podría ser la siguiente:
- Primero, la entrada masiva es tolerada desde ambos lados. Es fruto de un acuerdo entre Sánchez y Mohamed VI.
- Segundo, se establece la permanencia de miles de personas en un espacio mínimo. No hacen falta 70.000. Bastan con unos miles que conviertan la playa o los polideportivos en campamentos y la calle en zona extraña.
- Tercero, la inseguridad y el desbordamiento de la capacidad de los servicios convertirán a Ceuta en una ciudad en la que no se puede vivir. Una ciudad en crisis crónica.
- Cuarto, montar el relato. Una vez consolidado el asentamiento estable en Ceuta de una población que Rabat puede activar políticamente a voluntad, empezaría el acoso a la ciudadanía, a las autoridades y al ejército español. El objetivo sería generar inseguridad y provocar una reacción que permita presentar a España como un supuesto agresor colonial. Confiando en que el apoyo de los políticos y prensa globalistas occidentales establezcan ese discurso, como en Gaza.
- Quinto, la solución: ante una crisis crónica sin aparente solución posible, proponer a Marruecos como interlocutor razonable. Buscar una “solución negociada” como única salida civilizada. Esa sería la trampa final, que llevaría primero a una soberanía compartida y luego a la cesión completa.
Si este es el plan, quien defienda su casa, su seguridad y su prosperidad, será tachado de extremista o xenófobo. Quien abrió la puerta de la frontera, Sánchez, como estadista. Quien exponga hipótesis como la de este artículo, de conspiranoico ultra derechista (sí, eso más de ultra derechiste, pero colará en los medios si lo machacan lo suficiente).
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Vayamos de nuevo al gran cuadro.
Este movimiento sería parte de un ciclo que empezó en la Transición, con el asesinato de don Luis Carrero Blanco y la posterior entrega del Sáhara. Un ciclo que puede cerrarse entregando Ceuta y Melilla y con el control globalista ya total de España.
Y, en el fondo, como estrategia última globalista, estaría la expansión mediterránea. Buscando el acercamiento a Marruecos de una UE bajo control total globalista desde la etapa de Chirac-Schröder. Con el objetivo último de la expansión de ese «imperio» globalista por todo el Mediterráneo, como ya lo ha hecho por la llamada Europa del Este. Una UE que pase a ser una UM, Unión Mediterránea, un nuevo imperio romano quizá más musulmán que cristiano.
Frente a semejante objetivo de geopolítica global, Ceuta y Melilla son piezas pequeñas para los globalistas ¡Más nos vale reaccionar a los patriotas!
¡Hagamos España soberana de nuevo!
¡Hagamos de Europa un imperio en el que valga la pena estar!
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