Socialismo: La maldad de la bondad en política

A mucha gente le cuesta entender que el socialismo es una ideología perversa.

Se dicen: pero si estimula sentimiento bondadosos, como compartir y ser sensible con quienes tienen problemas.

Y se reafirman: además, las personas de izquierdas que conozco son buena gente, si acaso idealistas pero no malos.

Todo esto es cierto. Y seguramente también se puede decir de las ideologías cristianas, por ejemplo. Pero afortunadamente esas no son ideologías políticas, aunque las utilicen los políticos.

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El problema de una ideología política no es cómo es la teoría o cómo la sienten las personas. El problema es qué uso permite en política. Su aplicación política.

La izquierda, con su bondad teórica, primero baja los controles, tan necesarios frente a los políticos. Después justifica presionar a individuos por un bien superior. Y por fin gregariza a la sociedad en colectivos en los que alienta el odio a quienes no permiten que se materialicen sus altos objetivos, sus ideales.

Eso es lo malo del socialismo. Que permite que individuos que son verdaderas alimañas se hagan con un poder casi absoluto. Sólo hay que mirar la historia. El socialismo siempre acaba en dominación de la sociedad por una élite sin escrúpulos. Y no es por casualidad, es que es una ideología ideal para que se hagan con el poder los peores manipuladores, los más ambiciosos, hipócritas y carentes de escrúpulos.

Por eso es correcto decir que el socialismo es una ideología política perversa.

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