El terreno de juego de los Globalistas

Para entender la política actual conviene abandonar el relato de sucesos aislados que predomina en los medios e intentar ver cómo encajan en un marco general. Analizar, a veces, es intentar encajar las piezas sueltas de un puzzle para ver qué cuadro muestran una vez unidas.

Al unir las piezas, mi cuadro muestra que el eje principal ya no es tanto izquierda-derecha en el sentido clásico, sino el enfrentamiento entre unas fuerzas con clara influencia socialista que buscan consolidar y ampliar su control desde instituciones supranacionales (los Globalistas) y otras fuerzas, de reciente aparición y sin una ideología cerrada, que defienden la soberanía nacional (los Patriotas).

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Marruecos como vía de expansión

Marruecos interesa a los Globalistas porque constituye una vía de expansión hacia el sur de la Unión Europea, a día de hoy controlada por ellos. De ahí sus entregas de fondos o la apertura ventajosa del mercado europeo.

También explica presiones históricas como la de Chirac a Aznar en 2002 para entregar Ceuta y Melilla, a la que Aznar se negó. Y explica también la actitud del Gobierno de Sánchez ante la invasión de Ceuta y el posterior asentamiento de los invasores: regalos a Marruecos para facilitar el acercamiento a la UE en vez de a EEUU.

Ver: La invasión de Ceuta – hipótesis patriota-globalista

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Rusia como enemigo útil

Por el flanco oriental, los Globalistas han considerado conveniente mantener a Rusia como enemigo temible. De ahí el marco que facilitó el inicio de la invasión de Ucrania y, después, el mantenimiento de la guerra. Putin es un malvado, sin duda, pero la estrategia de convertir a Rusia en amenaza permanente no fue cosa solo suya.

La secuencia de hechos muestra claramente cómo las invasiones se producen siempre en etapas de preeminencia globalista (Obama y Biden) y cómo Rusia recibe financiación para que pueda mantener su estrategia (Schröder, Merkel… o actualmente Sánchez, aumentando las compras de gas). Es decir, los Globalistas tanto financian a Ucrania como a Rusia. Tanto declaran enemigo a Putin como le hacen ver que podrá conquistar territorio ucraniano.

Trump intenta precisamente que Rusia deje de ser útil en esa estrategia: que deje de ser el enemigo permanente al que se mantiene enfrentado mientras se le financia por otros canales. Su objetivo es conseguir la paz y a la vez ganarse a Rusia para Occidente como se ha ganado a Marruecos. Un objetivo complejo que es difícil hacer llegar a la opinión pública.

No descarto que esta foto de 2004, de la cumbre sobre seguridad y energía en Sochi, fuese en realidad el inicio de esa colaboración subterránea y retorcida entre los Globalistas y Putin. Una imagen que, en retrospectiva, resulta elocuente.

Chirac, Putin y Schröder en Sochi (2004)

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Polonia y el intento de golpe de estado de Tusk

El mismo esquema de control del Este de Europa explica la ofensiva de Tusk en Polonia para controlar el Tribunal Constitucional saltándose los procedimientos legales. Es una noticia de importancia que se está silenciando. Tusk es el peón de Von der Leyen en Polonia, y el episodio deja en evidencia a los Globalistas.

Polonia se ha integrado en la UE (2004) pero no ha puesto su gobierno al servicio globalista. Sólo hay que fijarse en el rechazo a la agenda de inmigración masiva. De ahí las malas maneras de Bruselas para intentar hacerse con el control del país.

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Inmigración masiva y erosión de soberanías

La estrategia de expansión de la UE sólo interesa a los Globalistas mientras ellos controlen las instituciones europeas. Las agendas están orientadas a mantener ese control, erosionando las soberanías nacionales. La inmigración masiva es una de ellas ¿Qué mejor manera de acabar con el sentimiento nacional que llenar el país de extranjeros desarraigados?

Por algo se les llama Globalistas: porque buscan controlar desde organizaciones supranacionales. Y también por eso a quienes se les oponen se les llama Patriotas.

Y cuando los partidos patriotas amenazan ese control, aparece de forma recurrente la violencia en las calles. Esa es la explicación última de la actual violencia en Francia, donde crece RN, en la Italia de Meloni, en Alemania AfD…

Ver: Izquierda globalista y violencia callejera

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El dinero de todos financia la estrategia de los Globalistas

También encajan en este cuadro accidentes como los de Urda o Adamuz, consecuencia de la falta de inversión en infraestructuras a pesar de una recaudación en máximos. El dinero recaudado no se utiliza prioritariamente para dar servicio a los nacionales, sino para las agendas globalistas de consolidación y expansión: redes clientelares, ONGs de inmigración, pagas a inmigrantes, ayudas a terceros países (en especial Marruecos), etc.

De ahí el lema patriota de “prioridad nacional”: que el dinero recaudado a los españoles se utilice para los españoles, no para agendas de interés de los Globalistas.

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Apoyo a dictaduras de izquierda e islamistas

Otra faceta que conviene señalar es el apoyo, nunca reconocido abiertamente pero siempre detectable en apoyos prácticos, a las dictaduras de izquierda e islamistas. Banderas palestinas y camisetas del Che, maletas de Delcy y oposición a Trump en Irán, forman parte del mismo patrón.

El comunismo dictatorial y el islamismo son los extremos que convierten en moderado al socialismo globalista. Son los aliados no declarados que golpean y erosionan a sus enemigos patriotas. Sólo hay que fijarse en el desgaste de Trump combatiéndolos. O en el voto mayoritariamente globalista de los inmigrantes que proceden de países donde predomina la izquierda o el islam.

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Por último, no porque no haya más temas sino sólo para acabar por hoy, me gustaría resaltar dos cuestiones que suelen plantearse allí donde los partidos patriotas intentan desbancar al poder globalista establecido. Dos cuestiones que en realidad son trampas argumentales para intentar desmontar la reacción patriota.

¿Batalla cultural o gestión?

Esa no es la cuestión. Nunca habrá gestión si antes no se vence en la batalla cultural. Es necesario desmontar la red de influencias montada alrededor de las agendas globalistas para que la gestión pueda aparecer.

Es decir, mientras los globalistas controlen el relato, gobernarán. Y destrozarán cualquier avance en gestión de otros políticos ya que viven de eso, de desplegar reglamentaciones, colonizar instituciones para primar su interés frente al bien común.

¿Prioridad nacional implica aislacionismo?

Visto lo anterior, queda claro que no. El aislacionismo no es compatible con la prioridad nacional. Es necesario derrotar a los Globalistas para poder atender a lo propio, y la batalla contra los Globalistas solo puede ser global.

Es un sin sentido, por ejemplo, acusar a Trump de haber abandonado la promesa de prioridad nacional por luchar contra Hamás, Irán o Maduro. O por intentar equilibrar las balanzas comerciales con la UE o China. Defender Occidente es una prioridad para todo país de Occidente.

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Por último, el desarrollo más completo de este marco está en el libro Izquierda globalista y reacción global patriota (disponible en Amazon y en pdf gratuito).

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