
Muchos se asombran de que, con todo lo que lleva hecho Sánchez, no haya una fuerte reacción social en su contra. Intentaré dar una explicación.
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Como cuenta Harari, lo más característico del Sapiens es su capacidad para actuar de forma coordinada siguiendo una ficción colectiva: una creencia, un relato, llámenlo como prefieran.
Para que ese relato genere una reacción fuerte, necesita tocar algo intenso. Como diría Pinker, debe afectar a alguna de las grandes esferas de la moral.

Se necesita, en definitiva, tanto un buen motivo, un buen relato, un buen viento… como unas velas que lo aprovechen: medios de comunicación que lo difundan y amplifiquen.
Viento sin velas es como velas sin viento. La nave no se mueve.
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El caso actual, el de Sánchez, es de viento sin velas. Ha cometido todo tipo de maldades y ya apena se molestan en disimularlas, es imposible.
Mintió descaradamente sobre su alianza con los separatistas, los amnistió pese a ser sus apoyos y les ha entregado un control cada vez mayor de sus feudos locales. Dejó morir a la gente a conciencia durante el COVID (con la manifestación del 8M) y en la DANA (tres días de demora en enviar ayuda). Ha metido millones de inmigrantes sin control, disparando los delitos de violencia extrema y creando un problema de cohesión social que tardará décadas en resolverse. Usa el dinero público para sus intereses, con corrupción masiva y regalos a organizaciones globalistas de todo el mundo. Y podría seguir, porque la lista no tiene fin.
Hay relatos más que suficientes para que la sociedad estuviera totalmente soliviantada. Viento como para que la nave española no solo navegara, sino que casi volara.
Pero ¿y las velas? No hay velas.
Apenas un pequeño tormentín a proa: La Gaceta, El Toro TV, Radio Libertad, Informa Radio y poco más (perdón si olvido alguno). Lo justo para que la nave se mueva un poco y Vox crezca lentamente.
El resto de los grandes medios están al servicio del relato globalista, nos guste reconocerlo o no. A todos nos desagrada recurrir a argumentos conspirativos, pero en política se conspira. Y el PP —el de Von der Leyen, aliada de Sánchez— y sus medios afines son tan responsables como el PSOE. Tan culpable es quien monta el escándalo como quien bloquea la reacción.
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Pondré también el ejemplo opuesto: el de velas sin viento y el 11M.
Como cuento en mi libro sobre los Globalistas, hacia 2002 estos ya controlaban Alemania y consiguieron hacerse con Francia, y con ello con la UE. Pero Aznar molestaba. Las condiciones de Niza, conseguidas con el apoyo previo de Francia, bloqueaban la construcción globalista europea. Así que, con toda la fuerza de los innumerables medios a su servicio, se pusieron manos a la obra.
Empezaron con el Decretazo, siguieron con el Prestige y culminaron con la Guerra de Irak. La calle ardía y cada tema resonaba sin parar en El País, ABC, El Mundo… A toda vela.
Pero llegaban las elecciones y las encuestas no terminaban de dar la vuelta. Había velas de sobra, pero faltaba viento. Entonces, de repente, el atentado del 11M proporcionó todo el viento que aquel velamen necesitaba para cumplir su objetivo.
¿Casualidades? En política hay pocas. Nos guste o no, hay más conspiraciones, ya se sabe, desiertos y montañas cercanos.

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