La pasión del violador

Yolanda Díaz, vicepresidenta del Gobierno, ha prologado elogiosamente el Manifiesto comunista

Todos podemos entender la pasión de un violador, la rotunda sinceridad de su deseo o su determinación inquebrantable. Sólo hay que recordar Átame, la magistral película de Almodóvar, para reconocer que se puede llegar a empatizar con estas facetas.

Lo mismo podríamos decir de la salvaje comunión grupal asociada a una violación en manada (La naranja mecánica de Kubrick). O la desesperación y el desahogo de un asesino por despecho, celos u odio tras años de sufrida convivencia (Los santos inocentes, de Delibes, trasladada al cine por Mario Camús)

Todos podemos entender, en realidad, cualquier emoción. Y siempre hay una obra de arte que la habrá desarrollado e incluso enaltecido. Así son las emociones y así funciona el arte y la empatía.

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Pero luego uno sale del cine o del museo, o cierra el libro, y las emociones se ajustan con la razón y el sentido práctico de la realidad. Y colocamos el respeto a los demás por encima del desenfreno de la pasión. Desaconsejamos los celos aunque entendamos sus motivos. Y nos negamos a aceptar cualquier relación que se base en el dominio mediante la fuerza.

¿A qué viene esto? Pues viene a que un político no es un artista. Y mucho menos un político con un cargo de responsabilidad como es un vicepresidente de Gobierno. Por eso, aunque desde el punto de vista emocional puedo entender sus pasiones por unos ideales igualitarios y justos, desde un punto de vista práctico no me parece aceptable que se esté haciendo elogio de unos sentimientos y una ideología que siempre ha derivado en opresión y violencia máxima, hasta el asesinato masivo. Que hoy día oprime, por ejemplo, a los cubanos, desde hace 60 años.

No deberíamos confundir planos. Una persona puede empatizar con las emociones que le parezca, pero apoyar el despliegue de emociones e ideologías que en la práctica se ha comprobado que sistemáticamente desembocan en crimen es… es como alimentar las pasiones de los violadores grupales. Algo totalmente inaceptable.

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P,S.: Lo mismo que digo de la responsabilidad de un político se puede aplicar a los medios de comunicación que tratan temas políticos. Todos recordamos la masacre alentada en Ruanda desde las emisoras de radio. Los medios de comunicación también deben ser mínimamente responsables a la hora de alentar pasiones. El buenismo (suponer un mundo en el que las pasiones no tienen las malas consecuencias que la práctica nos dice que tienen) o el humor tienen límites éticos.

P.S,2: El vídeo de Rufián de estos días, entrevistando a una youtuber que en su exaltación del odio llega a apoyar el asesinato de personas de Vox, es otro ejemplo claro de utilización en la política práctica del odio, disfrazado de mera emoción. Como si se tratase de algo meramente cultural. Cuando Rufián es un diputado electo de uno de los partidos que sostienen al gobierno de Sánchez.

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