
El odio grupal y la violencia
En el País Vasco, durante la segunda mitad del XX, no hubo ninguna agresión de fuerzas «españolistas» contra los vascos o los nacionalistas. De hecho, nunca la ha habido como tal. Sin embargo, durante ese periodo el odio anti-español creció. Sólo hay que fijarse en el apoyo social a ETA y su entorno.
A su vez, ETA mató sin parar sin que apareciese odio anti-nacionalista. Ni un atentado anti-nacionalista.
¿Cómo se explica esto? Porque el odio grupal no lo genera la violencia sufrida sino los discursos de odio. No aparece espontáneamente ante los hechos, es consecuencia de una educación en el odio. Y nunca se desplegó un discurso de odio contra los vascos o los nacionalistas. Ni siquiera contra la misma ETA a pesar de sus repetidas salvajadas.

La conclusión es clara:
El odio colectivo no es consecuencia de la violencia sino al revés, la violencia es consecuencia de los discursos de odio, de la educación en el odio. Aunque los discursos de odio suelan pretender lo contrario, claro, necesitan justificarse.
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El odio y la violencia en Oriente Próximo
En Oriente Próximo es igual. El odio de los islamistas contra Israel no depende de lo que éstos hagan. De hecho, lo que haga Israel es indiferente mientras no frene los discursos de odio islamista. La educación en el odio inunda a la población palestina desde niños.
Y esto vale también para Occidente. Hay una colaboración global entre islamismo e izquierda occidental que expande el odio contra Israel. En España, Francia, EEUU… está presente en todo Occidente y no por los hechos sino por el discurso. Hay infinitamente más muertes en el mundo causadas por islamistas que al revés, pero sólo odio contra Israel.

La realidad es que políticos, medios y organizaciones globalistas también están educando machaconamente a nuestra sociedad en el odio a Israel.
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La verdadera explicación de lo ocurrido en Gaza
A partir de ahí se puede entender lo ocurrido en Gaza.
La estrategia de Hamás era sencilla. Preparada durante casi dos décadas de discursos de odio y construcción de túneles. Los pasos eran:
- Atacar a Israel con la máxima crueldad posible.
- Esperar la respuesta de Israel utilizando los túneles para convertir a todo Gaza en el escudo de Hamás.
- Que mientras Israel destruyese Gaza para acabar con Hamás, la izquierda pro-islamista global sembrase el odio anti-Israel utilizando la destrucción como excusa.
- Conseguir así que Israel tuviese que parar y aceptar que no puede acabar con el gobierno de Hamás en Gaza. La victoria que buscaba Hamás era esa, demostrar que se puede atacar a Israel y no ser derrotado por ello.
Por eso ha habido tantas muertes, Gaza está destruida y el odio contra Israel es tan fuerte en Occidente.

El desarrollo de esta estrategia ha consistido en una carrera entre dos grandes bandos:
- Por un lado estaban Hamás, sus aliados directos como Irán o Qatar, y los Occidentales que difundían el odio anti-Israel y premiaban a Hamás a cambio de nada (reconocimiento del Estado palestino, flotilla, campaña mediática contra Israel…)
- Por el otro estaban quienes querían resolver el conflicto creado por Hamás acabando con Hamás.
Afortunadamente Hamás ha perdido. No ha conseguido que Israel se rindiese y aceptase un final con Hamás manteniéndose en el poder en Gaza. Pero el coste ha sido brutal.
Muchos se preguntan ¿Cuánto durará la paz? Yo imagino que hasta el siguiente presidente globalista en EEUU. Por eso es tan importante la actual batalla en todo Occidente entre globalistas y patriotas.
Sólo hay que recordar lo ocurrido en Afganistán, Israel o Ucrania tras la primera presidencia de Trump: La violencia se reanudó rápidamente con la llegada de Biden.
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Colectivización victimista, odio, violencia y reacción de fuerza violenta
Para mí la conclusión es clara. Dura, como es la historia de la humanidad, y por ello difícil de aceptar emocionalmente. Pero racionalmente fácil de analizar.
La izquierda es una ideología de odio, basada en la manipulación de la sociedad a través de la colectivización y el odio. Por eso es normal que se alíe con nacionalistas, islamistas o cualquier otra ideología que favorezca la victimización violenta. Las ideologías del odio acostumbran tanto a colaborar entre si como a matarse entre si, sólo tenemos que recordar los GAL, la relación entre comunistas y anarquistas en la Guerra Civil.
Frente a la violencia de las ideologías de odio la sociedad tiende a no reaccionar haciendo lo mismo. Afortunadamente la sociedad suele evitar alentar un odio similar y opuesto. Esto creo que es un signo de salud social.
Pero los odiadores profesionales aprovechan este rechazo social a reaccionar con un odio similar y opuesto para manipular a la sociedad y bloquear la necesaria reacción a su violencia. Distorsionan calificando como violencia de odio cualquier reacción. Para así vencer por falta de reacción de las víctimas, emocionalmente maniatadas por contradicciones que no son capaces de resolver.
Por eso es importante diferenciar entre violencia reactiva y violencia de odio. La violencia reactiva, orientada a acabar con quienes atacan, es imprescindible para defender a las sociedades.
Si miramos a Netanyahu, a Trump o a la policía que defiende las libertades democráticas, su violencia puede ser brutal pero nunca va orientada a otro objetivo que no sea acabar con quienes atacan. Es una violencia positiva, como es positivo que un cirujano corte un tejido para eliminar una enfermedad. Por grande que sea el corte necesario.
La violencia de Hamás, por el contrario, es muchas veces gratuita, una mera expresión del odio inyectado. Y la organizada tiene como objetivo acabar por completo con Israel, su exterminio del río al mar.
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Conclusión: Fácil de entender pero difícil de aplicar
Para finalizar, como conclusión, creo la diferencia teórica entre la violencia reactiva, positiva y la violencia de odio, negativa, es clara. Sencilla. Pero luego la aplicación es difícil.
Por un lado los discursos de odio son manipuladores y mentirosos siempre. El victimismo cala con facilidad y la violencia derivada del odio se disfraza de reactiva.
Por otro la respuesta violenta siempre debe estar sometida a examen, a control para que no se exceda ni se quede corta.
Por eso es importante tener siempre claros los objetivos y la cantidad de violencia ejercida. No se trata de buscar una proporción entre la violencia recibida y la reactiva, eso es un error muchas veces tramposo. Lo importante es fijarse en si la violencia busca acabar con un ataque y si es la adecuada para conseguir ese fin.
Tres ejemplos:
- Trump acabó con el programa nuclear de Irán con una tanda de bombazos. El objetivo era positivo, acabar con la amenaza de un régimen agresivo, y mesurado, consiguió un objetivo de otra manera inalcanzable. OK.
- Netanyahu ha acabado con el gobierno de Hamás en Gaza con una enorme destrucción y muertes. Pero el objetivo era imprescindible para la seguridad de los israelíes y no había otra manera conocida de conseguirlo. OK.
- Frente a los asesinatos de ETA se llevó a cabo una respuesta policial y política blanda que alargó la violencia durante más de 50 años y ha acabado con los violentos dirigiendo la sociedad. Creo que en este caso la reacción fue claramente insuficiente, faltó más policía y con más medios y mayores condenas, ilegalización del partido político de ETA, más presión a Francia… La sociedad aceptó medidas insuficientes, confundida ante la manipulación combinada de izquierda y nacionalistas. Y un conflicto absurdo que nunca debió ni existir causó 850 muertos y decenas de miles de desplazados. NOK.
Y en el mundo podemos ver muchos errores más, derivados de una intencionada falta de reacción: Afganistán, Ucrania, Cuba, Venezuela, Nicaragua…
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