
El siglo XX puede caracterizarse políticamente por el triunfo de un ideal de derechos y libertades individuales. El fin de las clases estancas entre aristócratas y plebeyos, la igualdad de derechos entre hombres y mujeres o entre razas, el derecho a tener un pensamiento y religión propios o la libertad sexual. Y puesto que a estos cambios en se los consideró avances, a quienes los promovieron se les calificó como progresistas.
El progreso, en el siglo XX, era la básicamente defensa del individuo, de los derechos y libertades individuales. Se tachó entonces de conservador a quien se resistía a estos avances. Siempre ha habido gente más prudente, a la que le cuesta asumir los cambios o prima el defender lo ya consguido. Ambas son maneras de valorar la realidad.
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Tanto de conservadores como progresistas tuvieron como enemigo a los totalitarismos colectivizadores. Ideologías que sustituyen como sujeto de derechos al individuo por colectivos. Para luego erigirse en representante de esos colectivos. Es decir, para acabar sustituyendo los derechos individuales por la voluntad de quien está al mando.
Así hizo el comunismo con la clase baja u obrera, el nazismo con la raza aria o los fascismos y nacionalismos con los nacionales. Ideologías manipuladoras que ofrecen transformar la sociedad a través de utopías colectivizadoras. Fantasías de héroes y villanos en las que el mundo ideal se materializará cuando la clase obrera, los arios o los nacionales recuperen sus derechos enajenados por unos malignos ricos, razas inferiores o extranjeros.
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El siglo XXI está trayendo dos cambios.
Por un lado la diferencia entre conservadores y progresistas apenas es relevante ya. Todos hemos asumido que el mundo cambia de manera constante. Pero por el contrario se están exacerbando de nuevo fantasías colectivistas, el verdadero enemigo de los derechos y libertades individuales.
Por eso conviene fijarmos en sus características, para reconocer al lobo cuando se acerca. Y aparte de la supeditación de los derechos individuales a ideales colectivos, tenemos otra característica bastante clara.
Tanto conservadores como progresistas valoraban su sociedad. Esto llevaba a unos a querer mantenerla sin cambios que la pusiesen en riesgo y a otros a seguir avanzando en un camino que tantos beneficios estaba trayendo. Pero no ocurre lo mismo con los totalitarismos. Estos desprecian y rechazan la sociedad que conocen y por eso no pretenden ni conservar ni continuar el avance sino transformarla en algo diferente.
Los movimientos colectivistas responden en realidad a esquemas manipuladores que:
- Apelan a colectivos en vez de a individuos aprovechando que las masas son mucho más manipulables.
- Descalifican la realidad para poder mover a la gente al cambio que ellos proponen.
- Apelan al miedo y al victimización.
Por eso es importante estar precavido frente a aquellos políticos y medios de comunicación que llaman a la transformación ideológica de la sociedad en vez de a servir a los individuos. No creo que esa deba ser su función ya que son un poder y la transformación conviene que se produzca libremente en la sociedad, no manipulando desde los poderes.
Y, sí, algunos utilizan el eufemismo normalización para eso mismo, considerando que la normalidad debe ser aquello que no existe y ellos promueven. En general da igual que se refiera a transformar hacia una ideología política, hacia el uso de una lengua distinta de la actual o hacia una Agenda salvadora.
Desconfiemos de quienes no dudan en utilizar el poder para intentar transformar el pensamiento y comportamiento de la sociedad a su voluntad. Porque están imponiendo su voluntad a través de la manipulación de colectivos, no sirviendo a los individuos.
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Muy buena reflexión, clara , concisa y reveladora
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Gracias 😉
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Cuál es el partido o político que, según tú, no duda en utilizar el poder para intentar transformar el pensamiento y comportamiento de la sociedad a su voluntad???? El primate humano es un ser social y el individualismo es una calamidad insana y poco realista. Lo aprendí trabajando con mi vecino, mano a mano en el campo de mi vecino y cuando él me viene a ayudar al mío.
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Defender los derechos y libertades individuales no busca no atender a lo social, sino no ser manipulado mediante colectivizaciones.
Y creo que el ejemplo está puesto ya. A día de hoy, globalismo, nacionalismos e izquierda extrema tienen como objetivo explícito el transformar la realidad.
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