Churchill, el gran emociólogo

Dos ideas que se entrelazan en mi manera de ver en mundo:

La primera es que considero que hay una forma de enfocar la política que aun no está específicamente desarrollada y que será muy útil cuando se haga. Yo la he introducido en el libro Emociologías. Básicamente consiste en extender el enfoque de la psicología cognitiva-conductual de los individuos particulares a la sociedad en su conjunto.

La segunda es que admiro la figura de Churchill. Un político con una gran capacidad para detectar y generar emociones en la sociedad. Y con una honestidad que le permitió manejarlas de un forma saludable, no manipuladora. Un gobernante emociológicamente sano y poderoso.

Emociologías, un enfoque cognitivo de la vida política en democracia
http://pajobvios.blogspot.fr/2016/12/emociologias-el-libro.html

Churchill fue también grande en muchas otras cosas. Estratega militar, inventor, escritor, pintor… Tenía inteligencia, sensibilidad, capacidad de trabajo y un valor que rayaba lo insano. Un individuo genial. Pero ninguna de estas facetas me hubiese hecho fijarme en él.

Su salud emociológica se puede ver en las causas que defendió. Combatiendo siempre los totalitarismos criminales. Nazismo, comunismo, religiones excluyentes, da igual el ismo. No es el color lo que rechaza, es la forma de hacer, el tipo de mundo al que se aspira.

Su capacidad para detectar las emociones colectivas es obvia si nos fijamos en sus predicciones. Avisa del riesgo de genocidio religioso en la India si salen los ingleses, del peligro que supone el comunismo, del crecimiento del espíritu de revancha en Alemania tras la Primera Guerra Mundial… Predice el futuro porque ve qué emociones crecen en la sociedad.

Por último, su fuerza a hora de movilizar emocionalmente. Los discursos con los que levantó el espíritu de una sociedad británica, humillada tras los años de pasividad y miedo derivados del discurso ruin, hipócrita e insolidario del pacifismo apaciguador.

Fue todo esto y muchas otras cosas. También tomó decisiones duras, que implicaban la muerte de miles, incluso millones de personas, acertó y se equivoco. Y, probablemente, nunca supo manejar el politiqueo de juego corto. Probablemente, su manera de hacer, tan emocionalmente limpia, tan poco manipuladora, le apartó una y otra vez de la primera línea de la política. Supo entender y gestionar las grandes emociones, así pudo avisar primero y vencer después a los totalitarismos. Pero entremedias no supo hacerse con el poder para tomar las necesarias medidas preventivas, las que hubiesen evitado que el peligro creciese hasta ser evidente para toda la sociedad.

Quizá sea el sino de los que defienden las grandes causas. Manejar mal el juego corto, el politiqueo del fingimiento y la manipulación. O quizá fuese tan solo su propia limitación personal, supo mirar lejos… pero no cerca al mismo tiempo. Un gran hombre.

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