Por qué se promueve la inmigración masiva

Tenemos que transferir la soberanía de las naciones a una institución global como la Liga de Naciones (la actual ONU)
y lo hacemos negando con nuestros labios lo que hacen nuestras manos. (Arnold Toynbee, 1931)

La promoción de la inmigración masiva, descontrolada, es una de las agendas de la izquierda globalista que peor se suelen entender. Cuesta imaginar que alguien pueda querer promover una estrategia que da lugar a un enorme aumento de la inseguridad, que erosiona la cohesión social y genera a un gran gasto público en beneficio de terceras personas, que no son contribuyentes.

Cuesta entender que alguien pueda querer promover semejante lacra. Así que veamos posibles explicaciones.

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Hay quienes piensan que sencillamente no existe esa supuesta agenda inmigratoria, que nos encontramos ante un fenómeno natural inevitable que alguna gente conspirativa supone intencionado.

Esta es una explicación no tiene base a mi entender. Supone confundir inmigración masiva, algo evitable, con una inmigración aceptada, algo natural que nadie pretende impedir. Como si las fronteras no se hubiesen defendido durante siglos bloqueando la inmigración masiva no deseada. Como si Trump no acabase de frenar la inmigración masiva en EEUU o, en menor grado, Meloni en Italia.

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Otros sospechan que es un intento de políticos sin escrúpulos de crearse un electorado favorable. Que incorporar población que les agradezca a ellos el haberles abierto la puerta al país y por lo tanto les voten a ellos.

Yo imagino que algo de esto hay. Pero no explica la enorme inmigración actual en todo Occidente, ya que al mismo tiempo genera un rechazo tan fuerte en la población local que no hay beneficio neto para esos políticos sin escrúpulos.

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Una visión más maquiavélica, que también comparto parcialmente, es la que aplica a la inmigración de origen musulmán. Consiste en considerar que la izquierda, una ideología colectivizadora, favorece el establecimiento de una población fácilmente colectivizable a través de la religión. Vamos, una especie de colaboración entre las ideologías de izquierda e islamista, ambas colectivizadoras y ambas convencidas de que al final predominarán ellas.

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Por último diré cuál es la opción que más me convence a mí.

Hay una izquierda internacional, denominada en tiempos poder financiero internacional, que tiene una gran influencia en Occidente desde finales del siglo XIX. Este grupo, mezcla de poder financiero e ideología socialista de la masonería fabiana, se planteó allá por los años 30 trasladar el poder de las naciones a organizaciones globales como la ONU. De ahí que pasasen a ser nombrados como la izquierda globalista o, sencillamente, los globalistas.

Para conseguir este objetivo es esencial erosionar del sentimiento nacional en los países. Eso explica el constante ataque por parte de la izquierda occidental al cristianismo, la religión común (que no a las otras, que se defienden apelando a un retorcido multiculturalismo), o al patriotismo (que no a los nacionalismos disgregadores).

Pero más eficaz que ninguna otra estrategia es la inmigración masiva. Incorporar millones de inmigrantes no comparten en absoluto la tradición de la patria a la que llegan es la manera más rápida de acabar con el sentimiento nacional. Una sociedad con esa carencia de sentimiento de comunidad es fácil que acepte a dirigentes que les lleven renunciar a la soberanía nacional en beneficio de instituciones globales.

Por algo los partidos que se oponen a los globalistas se han autodenominado patriotas. Esa es la verdadera batalla actual, entre globalistas y patriotas.

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