
El origen de los actuales globalistas se puede fechar en 1884, cuando se fundó en Inglaterra la Sociedad Fabiana. En aquel entonces una serie de ideas bullían en la sociedad.
- Las teoría de Darwin sobre la evolución (El origen de las especies, 1859) cambia por completo la visión del mundo. Deja de ser considerado una obra de Dios para ser la consecuencia de una evolución, del progreso.
- Como reacción a la revolución industrial habían aparecido dos corrientes contrarias a la nueva economía capitalistas. Por un lado ideas socialistas, de lucha de clases y alltruismo. Por otro una idealización medievalista con la añoranza de su ordenada y platónica estructura social.
- Junto con el cuestionamiento de las religiones, y en particular de la propia, el cristinanismo, aparecen diversos cultos paralelos. En particular es de interés la Sociedad Teosófica, fundada en 1875 por personas cercanas también a la Sociedad Fabiana (Annie Bessant, por ejemplo, tuvo una participación muy destacada en ambas sociedades). La revista oficial lleva por nombre Lucifer, ya que la teosofía se centra en la sabiduría y para ellos Lucifer representa la razón frente a la superstición de la religión.
La Sociedad Fabiana, muy de su época, hizo una mezcla con estos elementos tan contradictorios. Y aún se pueden ver los ingredientes.
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La mezcla fabiana de estos componentes ideológicos puede ser más o menos la siguiente.
El elemento central sería el de Darwin: el centro de todo no es Dios sino la evolución, que está basada en criterios prácticos, funcionales. De ahí que se consideren racionalistas y progresistas. El progreso es el nuevo Dios, la nueva realidad que siempre acaba triunfando al representar la adaptación para el futuro. Una curiosa exaltación de la razón que acaba convirtiéndose en una nueva fe.
El socialismo se asume como una forma de progreso social. Por lo tanto se considera que es una ideología se implantará con el tiempo por lo que conviene adherirse a él.
Pero al mismo tiempo que socialistas, los miembros de la Sociedad Fabiana pertenecen a la clase alta. Así que lo combinan con la idealización medievalista que les permite llegar a una mezcla muy chocante pero beneficiosa para ellos. Promueven una estructura social platónica con tres estamentos que consideran debe ser la base de un Nuevo Orden Mundial:
- Los sabios que dirigen, que serían ellos, claro. De ahí su volcado hacia el mundo universitario que ha de formar a estos dirigentes que implantarán el socialismo. Ahí están la London School of Economics o Harvard como referentes fabianos.
- Los guerreros, que se encargarán de defender el sistema. Esto es lo que les lleva a buscar manejar a políticos y altos representantes del Estado. Estos serán sus mercenarios. De ahí también su volcado hacia el mundo de las Altas Finanzas. No hay mercenarios si no se dispone de dinero para comprarlos.
- El proletariado que será el resto. Estos sí, sin clases. Y para asegurarse que no se revuelve se les controla con pan y circo. Mucha dependencia del Estado, planteada como altruismo, y manejo del pensamiento común desde los medios de comunicación, otro área bajo control globalista.
Por último, dado su origen en el siglo XIX, mantienen una cruzada contra la religión imperante, la cristiana a la que consideran un contrincante ideológico condenado a perder. Algo que acompañan con simbología teosófica que les sirve como elemento de cohesión interna. Una muestra de su presencia y pertenencia.
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Seguro que la descripción es mejorable, pero pienso que no es un mal primer acercamiento al pensamiento globalista que, como se ve, está lleno de contradicciones.
Se busca el progreso pero se basa en una sociedad de corte platónico. Cuando Platón es lo opuesto al progreso, es el ejemplo que utiliza Popper para caracterizar al enemigo de las sociedades abiertas a cambio, abiertas al progreso.
Se declara como socialista pero en vez de luchar contra las clases se promueven unas clases.
Se consideran seguidores de la razón frente a la religión pero crean un movimiento con tantas contradicciones internas que tan solo se puede seguir por la fe. Aceptando una cosa y la opuesta a la vez. Es decir, un movimiento que funciona como una nueva religión.
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